¿Una crema de marca o “cara” es mejor que la que puede aconsejar un dermatólogo?

Esta es una pregunta muy común entre los pacientes de Dermatología. Acuden a nuestras consultas con problemas de sequedad, piel grasa o granos… y cuando les preguntamos “¿qué productos está Vd  utilizando para combatirlo?” suelen responder “una crema de marca, muy cara”. Por supuesto que esas cremas son buenas y la mayoría de ellas están testadas, pero no tiene por qué ser necesariamente para su tipo de piel… Un símil que suelo utilizar con mis pacientes es: “es como si Vd. compra la gasolina más cara porque cree que es la mejor, pero su coche es diesel y lo estropea”.

Recordemos que cada tipo de piel tiene sus “necesidades”, incluso algunas de ellas requieren de la combinación de varios productos al mismo tiempo (unos que secuestren la grasa y otros que hidraten,  sin engrasar) para conseguir resultados óptimos. Sin ir más lejos, los retinoides pueden ser perfectos para una piel foto envejecida y fatales para una piel con rosácea. También hay principios activos que símplemente son aditivos y no aportan más que una nomenclatura confusa para justificar un aumento de precio, como oro o caviar. Por lo tanto, ni todas las cremas son para todos los tipos de pieles ni las cremas caras, por el hecho de serlo, son las más indicadas para su tipo de piel. 

“Muchos productos en el mercado confunden al consumidor con sus componentes, como el oro o caviar…

Por otra parte, en el mercado existe una amplia gama de productos, algunos de droguería, supermercados o parafarmacia con impactantes campañas de publicidad que, queriendo aumentar sus ventas, producen confusión en el consumidor. En esta línea, no todas las cremas de supermercado están testadas, por lo que en algunas ocasiones han salido al mercado algunas de ellas  con principios activos que son dañinos para la piel por alergias o, simple y sorprendentemente, porque no producen ni un solo efecto.

Además, es cierto que hay empresas cosméticas que sí hacen sus estudios e investigaciones pero que, ocasionalmente, estos son sesgados para que el resultado sea en su propio beneficio. Las marcas blancas que encontramos en supermercados suelen tener un precio más competitivo, lo que genera de nuevo confusión en los consumidores, ya que aunque está elaborada por la misma empresa que sí se comercializa con un nombre, a menudo no tiene los mismos principios activos que sí tiene la matriz.

“Los laboratorios farmacéuticos suelen tener las cremas más fiables del mercado

Dicho esto, los laboratorios farmacéuticos son los más fiables en este sentido: investigan y testan los productos antes de sacarlos al mercado, nos especifican en el envase todos y cada uno de los principios que llevan, el porcentaje de los mismos y no les añaden ni perfumes ni alcoholes, para evitar alergias y efectos adversos. Además, nos visitan a los dermatólogos con frecuencia para que conozcamos a fondo sus productos , lo que nos garantiza siempre los resultados más óptimos.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que no existe ninguna crema milagro que “quite las arrugas” ni que consiga que desaparezcan la celulitis o las estrías. Lo que realmente existen son productos que, con sus principios activos, consiguen retrasar las señales de envejecimiento cutáneo o limar algunos aspectos como las estrías, las celulitis o las manchas. Sin embargo si que existen equipos médicos y técnicas a disposición de médicos especialistas que sí están demostrando su eficacia (de las que hemos hablado en otros post)

“No hay ninguna crema milagro que “haga desaparecer” arrugas, celulitis o flaccidez. Para ello existen equipos y técnicas que sí han demostrado su eficacia

La piel es el órgano más extenso del cuerpo y son muchos los factores que influyen en su envejecimiento, desde la genética o la edad del paciente a la alimentación, la exposición solar o enfermedades y medicaciones que toma. Todos estos puntos los tenemos en cuenta los médicos especialistas a la hora de recomendar una crema u otra.

La piel transmite mucha más información de la que pensamos y más aún en niños pequeños. Así, sucede con los bebés y niños atópicos, con pieles que requieren de cuidados con esmero -no solo cuando tienen un brote- sino durante toda su infancia e incluso más adelante. Cuando advierto a los padres de que hay estudios científicos que revelan que los niños con piel atópica suelen ser más despiertos, atentos, sensibles e inquietos… me dicen que es como si estuviera haciendo un retrato de sus hijos. Además de las indicaciones pertinentes de jabones, cremas, ropa de algodón y otras hábitos importantes, les advierto que los brotes suelen coincidir con situaciones familiares en las que supuestamente el niño es ajeno (una separación, el nacimiento de un hermano o el fallecimiento de un familiar). Explicado de esta forma, es más fácil de sobrellevar pues al estar en guardia, se evitan brotes o se ataja antes el problema.

Los dermatólogos somos los más cualificados para indicar el tipo de crema que debe usar cada paciente, dependiendo del tipo de piel, de la edad, de si vive en una zona de sol, si toma alguna medicación, etc… Y no nos olvidemos que no siempre las cremas más caras son las más adecuadas.